La escena independiente argentina suma un nuevo capítulo con la publicación de Puente Pueyrredón, el segundo EP de Boris Katunaric, músico, poeta y periodista nacido en Quilmes, provincia de Buenos Aires. Su obra construye un puente —literal y simbólico— entre el conurbano y la capital, donde las distancias geográficas se vuelven metáfora de tensiones sociales, búsquedas personales y paisajes urbanos cargados de intensidad.



Al igual que en su primer trabajo, Sobre el fuego y el incendio, Katunaric apuesta por una propuesta donde cada canción es un territorio distinto. Su música se mueve con libertad entre el stoner rock, el post punk y otras corrientes que encuentran en su voz y en sus guitarras un vehículo visceral. No hay una etiqueta única que lo defina: lo que une cada track es la densidad emocional y esa lírica que late entre lo íntimo y lo colectivo.
El EP: cuatro canciones, cuatro paisajes
El viaje sonoro de Puente Pueyrredón se compone de cuatro piezas:
- Alas – Una apertura que mezcla fuerza y desgarro, como un vuelo que se enfrenta a la tormenta.
- Pesebre – Oscura y atmosférica, refleja la crudeza de la vida urbana en contraste con imágenes de esperanza.
- Incertidumbre – Tensión eléctrica y guitarras poderosas para hablar de la fragilidad de lo cotidiano.
- Puente Pueyrredón – La canción que da nombre al disco, un símbolo de frontera, lucha y tránsito permanente.
El trabajo fue registrado en marzo de 2024 en dos estudios: La Aldea Records, con el ingeniero Martín Pelitti, y Del Aire, bajo la producción y mezcla de Junul. El máster estuvo a cargo de Audiowarrior, con la portada creada por Noe Ragaglia y un registro audiovisual realizado por Barbarbru.
Letras que atraviesan la ciudad
Si algo caracteriza a Katunaric es su capacidad de narrar con crudeza y sensibilidad. Sus letras no temen adentrarse en terrenos oscuros, hablando de incertidumbres, tensiones sociales y vivencias personales. Son canciones que funcionan como retratos de un tiempo y un espacio: el cruce constante entre el conurbano bonaerense y la ciudad de Buenos Aires, donde lo cotidiano se vuelve poesía eléctrica.
Un artista que incomoda y emociona
Boris Katunaric no busca lo fácil ni lo complaciente. Sus canciones invitan a sumergirse en atmósferas opresivas, atravesadas por guitarras densas y voces que sostienen un pulso íntimo y urgente. Su propuesta resuena tanto con quienes encuentran en la música un refugio como con quienes buscan un reflejo honesto de la realidad social argentina.
Con Puente Pueyrredón, el artista confirma que su obra es un camino en construcción permanente, un puente tendido entre territorios musicales y emocionales, donde cada cruce abre una nueva posibilidad de encuentro.






