En el mapa siempre mutante del arte contemporáneo argentino, donde la música, la performance y la identidad visual se funden cada vez con mayor intensidad, emergen figuras que no buscan simplemente un lugar en la escena: lo toman por asalto. Ese parece ser el caso de Sofía Ferrer, quien bajo el alias Fiah Miau construye un proyecto artístico que vibra entre lo sonoro, lo corporal y lo provocador.
Su irrupción en el circuito nocturno no responde a la lógica tradicional del ascenso musical, sino más bien a una aparición performática: una estética total donde el sonido es apenas una de las capas de una experiencia más amplia. Su primer EP, Send Nudes (noviembre de 2023), no se presenta como un debut tímido, sino como una declaración de principios: un manifiesto rave que combina deseo, ironía y una energía frontal que se niega a pedir permiso.
Una alquimia sonora sin etiquetas
Las cuatro canciones del EP funcionan como un laboratorio de cruces estilísticos. Allí conviven el pulso del reggaetón, la fisicidad del dancehall, la textura del electro pop y el frenesí del techno rave. Pero lo interesante no es la mezcla en sí —algo habitual en la música contemporánea— sino la forma en que Fiah Miau la convierte en lenguaje identitario.
El proyecto toma forma a partir de un trabajo colaborativo con Ignacio Laspada, conocido artísticamente como Ygnacyo, cuya trayectoria incluye su paso por Perras on the Beach y su presente en Planta. Juntos diseñaron un equilibrio entre exploración sonora y contundencia bailable, donde lo experimental no anula el golpe directo del perreo, sino que lo potencia.
La obra termina de consolidarse en la postproducción con la participación de Gabriel Orozco, guitarrista de Usted Señalemelo, cuya intervención aporta textura y tensión dramática, expandiendo el universo del EP hacia una dimensión más atmosférica.
El cuerpo como territorio artístico
Más que una propuesta musical, Fiah Miau funciona como dispositivo escénico. Su estética —fuertemente influenciada por la cultura visual de los años 2000— recupera el brillo artificial, el exceso pop y la sensualidad explícita de aquella década, pero resignificados desde una perspectiva contemporánea donde el erotismo se vuelve herramienta política y narrativa.
En este sentido, su obra dialoga con una tradición del arte argentino que siempre entendió la noche como laboratorio creativo: desde las performances under de los noventa hasta la actual explosión de artistas híbridos que cruzan música, moda, visuales y activismo.
Fiah Miau no aparece como una figura complaciente ni conciliadora. Su presencia escénica es frontal, incluso violenta en su intensidad. Pero esa violencia no es destructiva: es una fuerza emancipadora que expone los códigos del deseo, del espectáculo y del poder sobre el cuerpo.
Una nueva generación sin disculpas
En un momento donde la escena artística argentina se redefine a partir de la autogestión, la mixtura de disciplinas y la circulación digital, Fiah Miau encarna una sensibilidad generacional: la del artista que no separa obra, identidad y presencia pública.
Su propuesta no busca gustar, busca impactar. No pide legitimación institucional, construye su propio ritual. Y en ese gesto, profundamente contemporáneo, se inscribe como una de las voces más disruptivas del nuevo arte nocturno argentino.



